Los sin vergüenza

Nunca olvidaré la imagen del ex presidente argentino, Carlos Menem, subiendo a un helicóptero y, sobre la puerta, girando el cuerpo hacia la multitud y las cámaras de televisión, levantando el brazo y haciendo con la mano el gesto de la V de la victoria. También me acuerdo de la sensación de vergüenza ajena que me provocó ese gesto, para mí, tan fuera de lugar. ¿Por qué? Porque Menem estaba saliendo del cementerio en donde acababan de enterrar a su hijo Carlitos, muerto en lo que sigue siendo, aún hoy, un confuso accidente aéreo.

Al gesto presidencial le agrego las pancartas, supuestamente escritas por los seguidores menemistas alineados sobre el camino del cortejo fúnebre, que decían: “No lo dejen solo ahora…”. Si juntamos todo eso al hecho de que Menem estaba en plena campaña para su reelección, creo que no tengo que explicar demasiado mi profundo asco. Utilizar la muerte de un hijo, para sacar rédito político, es propio de un sin vergüenza. Por eso mi vergüenza ajena. Tanta como la que me produjo, ya en esta época y en Uruguay, el ver como el partido opositor Colorado aprovechaba un hecho de inseguridad para montar una supuesta marcha espontánea y apolítica, para pedir la renuncia del ministro del Interior del gobierno del Frente Amplio. O sea, del gobierno del Pepe Mujica. A las puertas de la casa de gobierno y ante las cámaras de televisión, una señora que se presentó como una simple empresaria y ama de casa explicó, con soltura y buen manejo de las palabras, que ella estaba ahí apoyando a los familiares del trabajador asesinado la noche anterior. Un empleado de una cadena de restaurantes muy conocida en Montevideo, baleado a sangre fría y sin aparente razón, por unos menores que entraron a robar la caja. Hizo hincapié en que, como la víctima era un simple trabajador, el gobierno no hacía nada. Todo el tiempo recalcó que esa era una marcha apolítica, de simples ciudadanos indignados… como los españoles. Lamentablemente el cuento se le derrumbó al día siguiente, cuando un diario publicó una foto suya abrazada al líder del partido Colorado, Pedro Bordaberry. Se daba también su nombre y su cargo: asesora política de Pedro y militante activa del partido. La otra parte que salió mal, es que se supo que el asesinato del empleado fue por encargo. Una ex empleada del local contrató a los menores para que fuesen a matar al que era el supervisor del local, porque había sido despedida por este unos días antes. El pago era el botín de la caja. El hecho no podía ser enmarcado dentro de un asalto común y corriente. Pero la cuestión es que un partido político, por no decir su dirigente, ya que no tengo pruebas que haya sido Pedro quien ideó el plan, no tuvo el menor empacho en subirse al dolor de una familia, y al miedo de la gente, para tratar de desprestigiar al gobierno y atraer agua para su molino. No estoy diciendo que no existan hechos de inseguridad, porque los hay, y a veces con mucha violencia. Y son totalmente repudiables. Pero en Uruguay, se cometen más asesinatos de mujeres a manos de sus maridos o parejas, que muertes en asaltos o robos cometidos por menores. O debería decir, “nabos de mierda”, como los calificó en su lenguaje tan poco presidencial, pero tan claro, Pepe. Sobre eso, sobre los femicidios, no los nabos de…, Pedro no dice nada ni convoca a marchas. Porque esa clase de violencia, el femicidio, no produce miedo en la sociedad. Es decir, no le pueden sacar un rédito político. Sobre la inseguridad común, si pueden. La señora apolítica lo sabe muy bien. Y no tuvo empacho alguno en salir a mentir por los medios de prensa. Sin vergüenza alguna. Vergüenza, ajena, propia y mucha, muchísima vergüenza, me dio ver la foto de un subordinado del extraño ministro del gobierno argentino, Guillermo Moreno, sonriendo para la cámara, rodeado de niños angoleños sosteniendo medias blancas que decían “Clarín miente”. Las medias eran, supuestamente, un regalo. Y digo supuestamente, ya que en el fondo les hicieron pagar por ellas. Posando ante la cámara, como si fuesen modelos de publicidad, para atacar a un medio de prensa opositor al gobierno de Cristina Fernández. O sea, utilizando a niños inocentes y evidentemente de condición humilde, que encantados con sus medias de regalo, aceptaron sacarse una foto con el bwana blanco tan generoso. El bwuana sin vergüenza. No sé si Cristina estaría al tanto de esta maniobra poco ética, además de poco feliz, diplomáticamente hablando, ya que se hizo en otro país, dentro del marco de una visita oficial. Sería bueno que lo aclarase. Porque si no lo sabía, ahora sí lo sabe. Tampoco entiendo el por qué tiene a un personaje como Moreno en su gabinete. Durante su primer mandato, pensaba que quizás era un elemento heredado de Néstor. Pero cuando, luego de su reelección, no solo lo mantuvo sino que lo elevó en su rango, tuve que aceptar que lo puso ahí por decisión propia. O porque le debe algo. Mis amigos “cristinistas”, que los tengo y muchos, me dicen que para pelear contra monstruos como el multimedia Clarín, o algunas asociaciones rurales, es necesario un Moreno. Mis amigos “kretinistas”, que los tengo y muchos, me dicen que Moreno simplemente acata las órdenes directas de Cristina. Que Moreno y sus boys, vendrían a ser como la barra brava de Boca. O de River, o Independiente. Son útiles para los trabajos sucios. Sucios como el de la foto del tipo ese, el que sonríe a la cámara, sosteniendo las medias del “Clarín miente”, junto a los niños que también lo hacen, ajenos de estar siendo usados, asquerosamente, por un sin vergüenza. O, como diría Pepe, un nabo de mierda. Pero como no soy Pepe, digo un sin vergüenza. Queda claro que no digo: un “sinverguenza”. Así, todo junto. Que quiere decir otra cosa. Por el otro lado, ¿Clarín miente? Y, a veces sí y a veces no. ¿Es un impoluto diario que ejerce su libertad de prensa éticamente, como correspondería? Eeeehhh…no estoy muy segura de eso. Pero yo soy de la idea que la mejor manera de combatir los malos ejemplos, es, simplemente, no imitarlos. L.M.V

                                        

Lilly Morgan, autora de :Ay mama!, tenés cáncer, nació en 1948 en Argentina. Fue vendedora, azafata, moza, periodista de radio, televisión y gráfica, fotógrafa profesional, corresponsal extranjera, periodista de la ONU, Oficial de Información del Instituto de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Mujer (INSTRAW), Vocera de Prensa de la Asociación Argentina de Aeronavegantes, Vocera de Prensa de la Secretaría de Medio Ambiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Vocera de Prensa de la reserva Ecológica Costanera Sur, colaboradora free lance de la BBC de Londres. Actualmente Morgan está radicada en una chacra en Rocha.