1 a 1 y Pelota al Medio. Pierde el País.

El Presidente anunció que no habrá cambio de rumbo en la política económica, en otras circunstancias…

Pablo Mieres

El Presidente anunció que no habrá cambio de rumbo en la política económica. En otras circunstancias este anuncio representaría una señal de tranquilidad. Sin embargo, luego de haber quedado al desnudo, y con particular detalle, el nivel de las diferencias existentes entre los dos equipos económicos, el anuncio no despeja las dudas e incertidumbres sobre cuál es el verdadero rumbo que la política económica tendrá en este año crucial para el país.

 

En efecto, las diferencias expresadas por voceros de ambas partes, mujiquistas y astoristas, no son sólo expresión de una lucha por el poder descarnada; también reflejan diferencias de entidad sobre cuál debe ser la orientación de las decisiones económicas en una coyuntura que está caracterizada por desafíos muy concretos que afectan o pueden afectar el buen desempeño de nuestra economía.

Es más, en realidad una parte de la explicación de por qué el país enfrenta las actuales vulnerabilidades, tiene que ver con que desde hace ya bastante tiempo se ha consolidado un empate en la toma de decisiones que se refleja en decisiones transaccionales con resultados preocupantes.

Porque nuestro país enfrenta una situación delicada en materia económica, por primera vez en casi una década. No hay que dramatizar, pero como siempre ocurre en circunstancias de desafío, su eventual agravamiento dependerá de que se tomen las medidas y se asuma una orientación clara y firme en los próximos tiempos.

Frente a la perspectiva de un empuje inflacionario que no cede, junto a un déficit fiscal significativamente elevado y afectada la competitividad de nuestra economía; las señales desde la conducción económica deberían ser muy firmes y claras.

En tal sentido, más allá de que la conducción desde el Ministerio de Economía ha cometido errores evidentes al señalar un año atrás que en materia de gasto público seguía habiendo “mucha tela para cortar” (el famoso espacio fiscal de 140 millones de dólares), lo cierto es que frente a las nuevas circunstancias han emitido señales de cautela y han indicado que debía evitarse el incremento del gasto público.

Sin embargo, desde la otra concepción en pugna, la perspectiva es bastante diferente. Se ha puesto el énfasis en la necesidad de avanzar en la distribución del ingreso y para ello se requiere seguir aumentando el gasto. Ni un mínimo reconocimiento de que el problema es que la calidad del gasto social es desastrosa y que por lo tanto, el tema no es seguir aumentando el gasto sino cómo lograr que los recursos invertidos generen resultados positivos.

Pero desde la perspectiva de este grupo, la continuidad del incremento del gasto requiere incrementar la carga tributaria. En eso estaban antes de que se les cayera la estantería del ICIR. Ahora el problema es doble porque se necesita sustituir el impuesto inconstitucional por uno nuevo y, además, proponer otros que ya se habían insinuado (aumentar la tasa del IRAE, etc).

Pero lo que no se registra es que la situación de la economía del país se ha modificado, en buena medida por errores propios que son resultado justamente del “tironeo” entre los dos equipos, y porque nunca se admitió que había que impulsar políticas anticíclicas.

Así las cosas, y obligados a continuar “caminando juntos” por los equilibrios de poder, nada bueno se puede esperar, porque lo que saldrá será nuevamente un híbrido de dos miradas diferentes sobre lo que hay que hacer en materia de política económica, cuando la certeza del rumbo es más que nunca obligatoria.

Era fácil sobrellevar estas diferencias en contextos de expansión de la economía y con niveles de déficit fiscal acotados; es muy difícil transar cuando los márgenes de maniobra prácticamente han desaparecido.

El problema es que los costos que se derivan de este “tironeo” los va a pagar el país en términos de pérdida de competitividad, aumento de inflación y riesgos de decir adiós definitivamente a la mejor época de bonanza de la historia reciente del país. La responsabilidad está en quienes tienen a su cargo la conducción gubernamental.