TISA, LOS DEMONIOS Y OTROS CUENTOS

A estas horas todo indica que el Plenario del Frente Amplio va a decidir

Senador Pablo Mieres.

A estas horas todo indica que el Plenario del Frente Amplio va a decidir el retiro de nuestro país de las negociaciones para la aprobación del TISA, contrariando de esta forma, nuevamente, las definiciones de su propio gobierno.
En efecto, desde fines del gobierno anterior, nuestro país forma parte de un numeroso conjunto de países que negocian reglas de juego para la regulación mundial de los servicios. Se trata de una iniciativa de enorme relevancia puesto que, como es sabido, los servicios ocupan cada vez más un mayor espacio en los intercambios económicos y comerciales a escala mundial y, además, su participación en la producción de la riqueza del planeta va en aumento.
Todo indica, además, que el desarrollo tecnológico y el avance científico no hará otra cosa que aumentar la entidad de los servicios en la economía mundial.
Estar sentados a la mesa de las negociaciones del eventual acuerdo denominado TISA es un evidente logro político de nuestro país. Ahí no están sentados todos los países del mundo; sí están casi todos los países poderosos del mundo y algunos de los que no poseen tal significación. Pues bien, allí está Uruguay en virtud de una decisión inteligente y valiosa, asumida con muy poco ruido.
Lo que ocurrirá con la regulación del comercio e intercambio de los servicios en el mundo  dependerá de lo que en esa instancia de negociación se resuelva. Obviamente es muy oportuno y valioso estar en el proceso de negociación, saber con detalle de qué se trata y decidir hasta dónde acordar y qué materias quedarán reservadas por parte de nuestro país en ese proceso de negociación.
Irse de la mesa de negociaciones resulta una decisión absurda y carente de fundamento técnico y político. ¿Por qué irnos de una mesa en la que se juega tanto? ¿Por qué desperdiciar un espacio de poder relevante? Es inentendible, salvo desde una perspectiva que prioriza una concepción ideológica irracional, anacrónica y dogmática.
En efecto, el gobierno y la Cancillería han defendido con sensatez, argumentos y sólidas convicciones, la validez de continuar participando de este proceso de negociación. No existe otra postura razonable si queremos defender el interés superior de nuestro país. En tal sentido, apoyamos sin reserva la posición del gobierno y tenemos confianza en que este mantenga su postura y su decisión, más allá de la decisión que asuma el Plenario del Frente Amplio.
La postura del partido de gobierno no es otra cosa que el viejo reflejo de buscar un demonio para justificar la “lucha ideológica” contra el capitalismo. En efecto, si recorremos la historia de la izquierda tradicional vamos a constatar que, siempre, ha existido un “demonio” que concentra la amenaza del capitalismo internacional contra los intereses del pueblo.
En los sesenta el demonio era el “imperialismo yanqui”, luego cuando volvimos a la democracia fue el “FMI y no pagar la deuda externa”, más adelante fue el “Banco Mundial y las recetas neoliberales”, hace unos pocos años fue el “TLC con Estados Unidos” y ahora el TISA concentra las fuerzas en “defensa de los intereses populares” contra el capitalismo expoliador.
Resulta muy gracioso escuchar los argumentos de los que promueven el retiro de nuestro país de la negociación del TISA, porque son los mismos que nada dijeron ante una política económica que durante todos estos años y bajo gobierno del Frente Amplio, con mayoría absoluta en el Parlamento, promovió y favoreció el ingreso del capital trasnacional para captar la mayor cantidad de inversión extranjera posible.
Son los mismos que aceptaron y apoyaron las exoneraciones tributarias para que esos capitales extranjeros se instalaran en nuestro país. Son los mismos que están votando la ampliación del régimen de zonas francas. Son los mismos que votaron y votan los tratados de intercambio de información tributaria que indica la OMC.
El doble discurso es muy evidente. Por otra parte, la necesidad de mantener un ícono de la resistencia al capitalismo también es muy evidente. El “malo de la película” es ahora el TISA, poco importan las razones, lo que importa es tener algo en donde concentrar la culpa de los “males del capitalismo internacional”.
Tenemos la esperanza y confiamos en que el gobierno mantendrá su acertada política, ratificando la continuidad de la permanencia de nuestro país en la mesa de negociaciones del TISA, así lo esperamos por el bien del país.

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