Un nuevo tiempo

rochatotal.

Por Julio María Sanguinetti

Se abre un tiempo de esperanza. Aunque colmado de desafíos y ese tiempo deberá poner al país en el rumbo de la recuperación de valores y la inserción plena en un mundo de progreso, dejando atrás populismos y rencores.

El próximo domingo se abre un nuevo tiempo. El Frente Amplio, que se imaginó eterno en el gobierno, cede el poder -con malhumor- a una coalición democrática. Sus 15 años interrumpieron una larga hegemonía de los partidos tradicionales, que ahora retornan, cortando a su vez ese ciclo de tres presidencias frentistas con mayoría absoluta. Son instancias históricas todas ellas, que poseen el valor de exaltar la alternancia como una circunstancia normal de la vida republicana. Treinta y cinco años después del fin de la dictadura, se registran tres gobiernos colorados, tres frentistas, uno nacionalista y ahora una coalición “multicolor”, como lo ha definido reiteradamente el propio Presidente Luis Lacalle Pou.

El presidente es joven, dinámico y sustantivamente político. Por supuesto, pertenece a una familia con cinco generaciones de presencia relevante en la vida pública nacional y es natural que de ese peso de tradición haya nacido su vocación. Su ascenso, sin embargo, es solo fruto de su esfuerzo. Comenzó en Canelones, donde fue electo y reelecto diputado, con una gestión marcada por su compromiso. Fue un Diputado trabajador, muy cercano a la gente, en un Departamento exigente como ningún otro en ese cuerpo a cuerpo con la ciudadanía. Luego, desde el Senado y la primera candidatura presidencial, mostró su fuerza y dinámica. Los últimos cinco años le dieron una madurez que le permitió llevar adelante una campaña sin ningún error y muchos aciertos en cuanto a la actitud y el discurso. Tiene claro el camino.

Luego de la primera vuelta electoral logró consolidar la propuesta la coalición, basada en un programa, en pocos días. Ahora está viviendo el difícil armado de su gobierno sobre esa base, que le asegura 56 diputados de respaldo.

Estos días ha demorado la configuración de la administración por el ofrecimiento de posiciones importantes que le hizo al Frente Amplio. Actuó con una generosidad no correspondida, porque la dirigencia frentista todavía se declara insatisfecha pese a llevar 34 cargos y empatar con la oposición nada menos que en la Corte Electoral. Son notorios el resentimiento frentista y los anuncios de una oposición cerril. La única voz tranquilizadora es la de nuestro colega Mujica. Los demás, están en el encono y ya hay lanzada una campaña formidable, política y gremial, de “defensa” de las “grandes conquistas” frentistas.

Parecen vivir en otro país y todavía no se dan cuenta que por  eso perdieron. ¿Qué hay para defender y conservar? ¿Los 400 homicidios y 30 mil rapiñas por año? ¿Que la mitad de nuestros jóvenes no terminan secundaria y el 80% de los más pobres no llegan al mínimo de conocimiento en lenguaje y aritmética? ¿Que los asentamientos se han duplicado y nunca hubo más gente en situación de calle? ¿Que en los últimos siete años se perdieron 80 mil empleos?

Esos son los grandes temas de preocupación en nuestra sociedad. Y en ellos, el Frente Amplio solo registra fracasos. Un gobierno de izquierda que retrocedió en educación, empleo y la seguridad en los barrios más pobres de nuestras ciudades, es un gobierno fracasado. Diga lo que diga.

El desafío, ahora y como siempre, es el futuro. El nuevo gobierno encuentra una economía hipotecada. Por un enorme déficit fiscal, una deuda externa pesada y una seguridad social desfinanciada. No será fácil equilibrar las cuentas. Y mucho menos colmar las expectativas de una sociedad que reclama un cambio drástico en su vida, a partir de un retroceso de la delincuencia.

Difícil, sin embargo, no quiere decir imposible ni mucho menos. La ciudadanía apreciará el esfuerzo, la actitud. Naturalmente, las impaciencias las estimulará la oposición frentista y algunos frentes sindicales, como el siempre presente de los profesores de Secundaria de Montevideo, ya en pie de guerra. Pero el nuevo gobierno tiene claridad en sus objetivos y eso es fundamental. Lo fundamental es pararse en el escenario y cambiar medios y actitudes.

El Uruguay, naturalmente, depende -y mucho- de los precios internacionales. Ellos fueron el crecimiento de la década del 2004 al 2014.Y su bajada, a niveles normales, explican el estancamiento que se dió en los últimos cinco años. Mucha suerte tuvo el Frente Amplio, porque llegó después de una crisis, ya superada con solvencia y prestigio para el país, pero aún vigente en sus consecuencias; y en ese momento saltaron los precios de las materias primas y se produce esa década de bonanza. Cuando ella pasó y hubo que gobernar, vino la parálisis administrativa, el estancamiento de estos últimos cinco años.

Más allá de coyunturas, el país mirará al futuro. Y recuperará su aire republicano, su condición democrática, la liberalidad de su vida. Saldremos de esa machacona y maligna insistencia en dividir ricos y pobres, malos malísimos -los adversarios- y buenos buenísimos, los propios. Superaremos la vulgaridad entronizada en el ejercicio del gobierno que, con la excepción del Presidente Vázquez, se instaló con el Frente Amplio; vulgaridad en el decir, en el actuar, en el vestir, en pensar siempre a favor de lo mediocre y nunca de lo superior, lo que nos exalta, o sea, lo que precisamos en este nuevo mundo que nos desafía con su revolución científica. Hay que desvanecer esa constante nube sombría que mezcla trasnochados populismos con resentimiento y enojo para volver a encender la fe en nuestra República.

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