Indice de pobreza:baja tasa de finalización de Bachillerato, alto nivel de empleo de bajo calificación

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El Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) es una organización sin fines de lucro que investiga y analiza temas políticos y económicos de Uruguay para contribuir al debate informado y a la adopción de mejores políticas públicas. Dentro de sus investigaciones esta el de la pobreza en el país, como se compone , cual en el porcentaje de poblaciones vulnerables, educación, tipos de empleos.

Sobre la pobreza el estudio arroja los siguientes datos:

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En 2022, la incidencia de la pobreza monetaria en Uruguay alcanzó a 88 mil hogares en donde habitaban 353 mil personas. Por su parte, aquellos con ingresos apenas 25% superiores a la línea de pobreza alcanzaron los 72 mil hogares donde habitaban 267 mil personas.

Este abordaje de los hogares permite concluir que los hogares y personas de ambas franjas presentan estructuralmente características muy similares en las dimensiones relevadas: tipo, tamaño y composición del hogar, educación, empleo, vivienda, ingresos y gastos; así como significativamente distintas en relación a aquellos considerados como no pobres monetariamente.

Desde 2014 en adelante, la incidencia de la pobreza monetaria se ha mantenido en el umbral del 8%-10% con la excepción de los años de pandemia (2020 y 2021)

En ambas franjas, se destaca un predominio de hogares biparentales con hijos, extendidos con otros familiares y monoparentales femeninos con al menos dos hijos a cargo. Ello se diferencia con el resto de los hogares del país, donde existe una mayor predominancia relativa de hogares unipersonales y biparentales sin hijos. Por su parte, el número promedio de personas que viven en el hogar es cercano a 4, y en la tenencia de la vivienda, sobresalen los hogares ocupantes, principalmente los declarados “ocupantes gratuitos” es decir que le prestaron la vivienda o le dejan vivir allí.

En cuanto a la jefatura del hogar, se destaca una mayor proporción de mujeres de 40 a más años (38%), seguido por hombres de 40 o más años (25%), mujeres menores de 40 años (24%) y hombres menores de 40 años (13%).

A nivel educativo, los jefes de hogar de ambos segmentos presentan muy bajos niveles de culminación de los ciclos educativos: de 36% y 47% en el caso del Ciclo Básico, y de 10% y 14% en Bachillerato o UTU, respectivamente.

Ello representa un desafío adicional en la medida que Uruguay tiene bajos niveles de finalización de los ciclos educativos en personas cuyos padres tampoco los finalizaron.

En materia laboral, la tasa de desempleo en jefes de hogar cuyos ingresos están por debajo de la línea de la pobreza fue de 18%, mientras que en el tramo apenas 25% superior, ascendió a 10%. Por su parte, considerando un concepto más amplio de desempleo (conocido como tasa U6) que incluye desocupados, subempleados y desalentados, las tasa fueron 48% y 31% respectivamente. En efecto, existe una alta incidencia de personas con problemas de empleo más allá del desempleo; ya sea porque desean y están disponibles para trabajar más horas de las que efectivamente lo hacen o buscaron trabajo, no encontraron y por tanto dejaron de buscarlo.

Baja tasa de finalización de Bachillerato, el alto nivel de empleo de bajo calificación

Asimismo, entre los ocupados jefes de hogar, predominan los empleos por cuenta propia (sin local instalación de un predio, sin vehículo y/o sin capacitación o estudios previos), de baja calificación y altos niveles de informalidad. Adicionalmente, entre quienes declaran no trabajar ni buscar trabajo, entre un 15% y 20% se dedica a quehaceres del hogar.

A nivel de vivienda, se destacan carencias como el elevado porcentaje de hogares sin ninguna fuente de calefacción, el elevado número de hogares bajo situación de hacinamiento, así como con baja penetración en el acceso a internet.

Finalmente, se reportan por parte de los hogares un bajo grado de suficiencia en el gasto en alimentación, indumentaria, transporte y vivienda; así como un alto porcentaje de hogares que declaran que sus ingresos mensuales no alcanzan a cubrir sus gastos mensuales.

Todo ello redunda en un escenario que desafía intertemporalmente la agenda de políticas de integración social, primera infancia, calidad del empleo y finalización de ciclos educativos. La baja tasa de finalización de Bachillerato, el alto nivel de empleo de bajo calificación, los escasos recursos destinados a la primera infancia respecto a otros grupos etarios y las deficiencias en materia de vivienda son elementos que Uruguay debería comenzar a aborda estructuralmente.

Desde 2014 en adelante, la incidencia de la pobreza monetaria se ha mantenido en el umbral del 8%-10% con la excepción de los años de pandemia (2020 y 2021). Sin embargo, cuando se relevan características menos asociadas al ingreso y, por ende, al ciclo económico, se evidencia un conjunto de carencias estructurales posiblemente mucho más rígidas que el factor monetario. Adicionalmente, existe un conjunto importante de hogares, donde estas características estructurales son muy similares a aquellos por debajo de la línea de pobreza; lo cual amplía el universo de acción de las políticas públicas. La persistencia de estas desigualdades estructurales atentan contra los procesos de prosperidad, integración y justicia social.

Foto:Medios públicos