Orsi: cuando el desgaste llega demasiado pronto

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Orsi en un cruce de caminos

El cruce de caminos no se refiere en este caso a una intersección física de rutas, sino a  un momento de decisión vital. El presidente Orsi termina abril con un clima de opinión pública de balance negativo que se profundiza respecto a febrero, expresa la última encuesta publicada por Equipos. El presidente mantiene una gran desaprobación entre los opositores al tiempo que disminuye la aprobación entre los votantes propios. El deterioro de la imagen de Yamandú Orsi ya no es una constante que se alimenta desde los partidos tradicionales de la coalición, sino que empezó a consolidarse, fundamentalmente, en el comportamiento de su propio partido y su electorado.

Desaprobación aumenta

La foto que deja la última encuesta de Equipos es dura para Yamandú Orsi: 27% de aprobación, 48% de desaprobación y un saldo negativo de -21, en un momento en que un presidente uruguayo suele todavía estar construyendo expectativa y capital político, no perdiéndolo. Eso vuelve la señal más preocupante, porque no se trata solo de un traspié coyuntural, sino de un deterioro que ya empieza a parecer estructural.

Un golpe temprano

Lo más llamativo no es únicamente la baja, sino el momento en que ocurre: con apenas trece meses de gobierno, Orsi ya enfrenta una curva descendente que rompe una lógica bastante conocida en Uruguay, donde los primeros tiempos suelen dar aire y margen de maniobra. En vez de instalar autoridad, el gobierno parece entrar en una zona de dudas, y eso siempre debilita más de lo que se ve en la superficie.

 Evaluación de la gestión de Yamandú Orsi en un año.

La herida interna

El problema no está solo afuera. Dentro del Frente Amplio afloran tensiones, reproches y lecturas cruzadas sobre el rumbo, algo que la baja en las encuestas terminó de encender. Cuando la propia base empieza a mostrar disconformidad y algunos dirigentes se toman atribuciones para marcar distancia- también tempranamente- el presidente deja de pelear solo contra la oposición y pasa a lidiar con el clásico y corrosivo “fuego amigo”.

El costo político

Ese clima interno no es un detalle menor: erosiona disciplina, confunde el mensaje y le resta fuerza a la gestión en un momento en que el gobierno necesita mostrar resultados claros. Si además la desaprobación ya crece incluso entre votantes frenteamplistas, el riesgo no es solo perder apoyo, sino perder identidad política y capacidad de conducción.

Una señal de alarma

Orsi todavía tiene tiempo para corregir, pero la tendencia lo obliga a reaccionar rápido y con más firmeza política que retórica, dar “libertades” hasta las de algún ministro (que se las tomó sin preguntar) no le ha sumado. Porque cuando un presidente empieza a verse débil tan temprano, el daño no está solo en la encuesta: se filtra en la coalición, en la calle y en la percepción de que el gobierno llegó con promesa de renovación, pero todavía no encontró satisfacer las promesas de campaña, es más, ha roto algunas.

Fuente Datos Equipos.