Uruguay tiene más del doble de presos que hace dos décadas, y la mayoría dejó los estudios temprano
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La población carcelaria uruguaya pasó de 6.757 personas en 2003 a 16.570 en 2025, según la última encuesta del Ministerio del Interior. El relevamiento muestra además que la mayoría no completó la educación básica, que el trabajo y el estudio dentro de las cárceles alcanzan a pocos y que la violencia entre internos se denuncia muy poco.
Uruguay tiene hoy muchísima más gente presa que hace dos décadas. En 2003 había 6.757 personas privadas de libertad; en 2025 son 16.570. La tasa de prisionalización, que mide cuántos reclusos hay cada 100.000 habitantes, prácticamente se duplicó: pasó de 253 a 480, un aumento de casi el 90 % en 22 años. En números absolutos, la población penitenciaria creció más del doble.
Son datos de la última encuesta sobre personas privadas de libertad que presentó el Ministerio del Interior, y que además deja ver cuánto cuesta, en la práctica, rehabilitar a quienes están adentro.

Quiénes son
Nueve de cada diez reclusos son hombres. La edad promedio es de 33 años entre ellos y de 35 entre las mujeres.
Una escolaridad que se cortó temprano
Uno de los hallazgos más fuertes tiene que ver con la educación. Más de la mitad de las personas privadas de libertad dejó los estudios antes de cumplir 15 años. Tres de cada cuatro no pasaron del ciclo básico, y tres de cada diez ni siquiera terminaron la primaria.
Con el trabajo la historia es distinta. Casi el 88 % dice haber tenido alguna vez un empleo remunerado, y seis de cada diez estaban trabajando antes de caer presos.
Puertas adentro, en cambio, las oportunidades se achican. Cuatro de cada diez estudian y menos de cuatro de cada diez trabajan durante la reclusión. No sorprende, entonces, que el 75 % piense que el Estado podría hacer más para facilitar su rehabilitación. Y cuando se les preguntó qué necesitan para avanzar, el 74 % respondió lo mismo: un empleo.
De dónde vienen
La encuesta también asoma a las historias personales y familiares. Siete de cada diez reclusos tienen hijos, y entre las mujeres, el 70 % fue madre antes de los 20 años.
Una de cada cinco estuvo en situación de calle en algún momento de su vida, y una de cada cuatro pasó por el sistema de responsabilidad penal adolescente. Además, el 22,7 % tuvo en su infancia o adolescencia a algún familiar ligado al delito o a situaciones de violencia.
Hay otro dato que dice mucho del entorno: el 71 % cuenta con alguien de su círculo cercano que está preso o tiene antecedentes penales. Para buena parte de esta población, el sistema penal ya era una presencia conocida mucho antes de entrar.
La violencia que no se denuncia
La encuesta también preguntó por la seguridad dentro de las cárceles. Seis de cada diez personas dijeron sentirse seguras, y el 10 % afirmó haber sufrido una agresión de otro interno.
Pero esa cifra probablemente se queda corta. El propio relevamiento advierte que hay un subregistro importante, porque el 86 % de las víctimas no denuncia lo que le pasó, ni las agresiones ni otras situaciones violentas. Eso hace difícil saber cuánta violencia hay realmente en el sistema penitenciario.

