Aeropuerto de Rocha: un proyecto que vuelve a dividir opiniones
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Cada vez que se anuncia una nueva “inversión estratégica” en Rocha , aparecen, ineludiblemente, los cuestionamientos técnicos, medioambientales, políticos ,de intereses privados, de competencias, de técnicos de un lado y del otro, etc, etc. Desde la ciudadanía, las preguntas que muchos se hacen, no es solo “¿va a traer trabajo y desarrollo?”, sino también “¿esto no va a ser otra promesa que dentro de diez años vamos a estar recordando como una más?”; dado la ubicación, también sobrevuela el hecho de que ” da más una salida como anexo de servicios ,por la proximidad, del vecino departamento de Maldonado”. Pasó con el Puente circular en la Laguna.
El proyecto de un aeropuerto internacional en Rocha, una idea que aparece y desaparece en la agenda política desde hace décadas, volvió a tomar fuerza en los últimos meses. Pero esta vez, con más definición: hay terrenos comprados, hay una empresa interesada y hay un trámite en marcha. También hay más ruido: el gobierno nacional lo impulsa, la Intendencia de Rocha lo apoya, pero hay colectivos ecologistas y técnicos que alertan sobre los riesgos de construirlo donde se planea: entre las lagunas de Rocha y Garzón, en una zona de alto valor ambiental.
Un trámite que se complicó
En agosto de 2026, la Intendencia de Rocha inició un procedimiento para cambiar la categoría de dos padrones (69.929 y 69.930), ubicados en Camino El Caracol y Ruta 10, de “rurales” a “suburbanos”. Ese cambio es necesario para que se pueda construir el aeropuerto y actividades complementarias. Según la Intendencia “el uso residencial en el área no es exclusivo ni impide la implementación de emprendimientos como el del aeropuerto, en tanto no se trata siquiera de una industria. Es una infraestructura logística al servicio del turismo…”
Sin embargo, la Dirección Nacional de Ordenamiento Territorial (Dinot), que depende del Ministerio de Vivienda, dijo que ese trámite no podía hacerse por la vía “abreviada” que había elegido la Intendencia. Ahora deberá ir por un “PAI Complementario”, que exige más etapas y más instancias de participación pública. Además, el Ministerio de Ambiente clasificó el proyecto como categoría C, lo que obliga a hacer un estudio de impacto ambiental completo.
Competencias.
Sintéticamente: Ministerio de Ambiente ; la empresa (CAA)que presenta el proyecto; la Intendencia Departamental de Rocha; Ministerio de Defensa.
El Dr. Héctor M. Delpiano, asesor que representa a la IDR, contestó a la Dirección Nacional de Ordenamiento Territorial sobre las competencias en el territorio, fundamentalmente sobre la categorización del suelo o cambios, en este caso el de los predios Nro. 69929 y 69930, con destino a la construcción del aeropuerto: “en la Ley Nro. 18.308 no configura a la DINOT como un órgano jerárquico de supervisión de las Intendencias. La relación es de coordinación, apoyo, fomento, seguimiento y de análisis de compatibilidad con el sistema nacional de ordenamiento territorial. Aquí estamos en sede de aplicación de un instrumento de ordenamiento territorial aprobado por la Junta Departamental de Rocha, en el marco de sus legítimas atribuciones…”
En otras palabras: el proyecto no está cancelado, pero el camino se ha hecho más discutido.
Quiénes están detrás del proyecto.
La iniciativa está impulsada por Corporación América Airports, la misma empresa que gestiona los ocho aeropuertos del Sistema Nacional de Aeropuertos Internacionales de Uruguay, junto con la Dirección Nacional de Aviación e Infraestructura Aeronáutica (DINACIA), que depende del Ministerio de Defensa.
Para los inversores y el gobierno nacional, el aeropuerto en Rocha es una pieza clave para descentralizar la conectividad aérea, atraer turismo de mayor poder adquisitivo y dinamizar la economía del este del país. La idea es tener una terminal internacional que opere todo el año, no solo en verano, y que sirva como alternativa a Carrasco y Punta del Este.
La postura del gobierno departamental.
El intendente de Rocha, Alejo Umpiérrez, ha sido claro: “Rocha tiene que tener un aeropuerto sí o sí”. Para él, el proyecto es una oportunidad histórica y una forma de saldar una deuda de infraestructura con el departamento.
Desde la Intendencia, Umpierrez, destaca que “la ubicación elegida ya fue analizada en su momento y que el aeropuerto puede convivir con el turismo y la conservación si se hacen bien las cosas. También se subraya que el trámite ambiental y territorial es parte del proceso normal de cualquier obra de esta envergadura”.

Las voces que piden cautela.
Del otro lado, hay un conjunto de colectivos ecologistas, vecinos y organizaciones, CURE,SAU, que cuestionan la localización propuesta. Su argumento central es simple: Uruguay tiene muy poco territorio ecológico protegido y no debería comprometerse uno de los ecosistemas más valiosos del país, justo entre dos lagunas que forman parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas.
También hay voces técnicas que marcan diferencias
La Sociedad de Arquitectos del Uruguay (SAU) envió una nora al intendente Umpiérrez, la SAU señaló que la ubicación actualmente planteada (en el balneario Las Garzas) no coincide con lo que establecen las Directrices Departamentales de Ordenamiento Territorial de Rocha, aprobadas en 2014. Esas directrices preveían una terminal aeroportuaria más al sur de la Ruta 9, cerca de la ciudad de Rocha, en una posición equidistante entre las lagunas de Rocha y Castillos.
Según el informe de los arquitectos, la localización actual aumenta considerablemente las distancias a puntos clave del departamento: La Paloma quedaría a unos 60 kilómetros, Cabo Polonio a 90 y Punta del Diablo a 130. Desde la ubicación prevista en las directrices, esas distancias serían menores. Además, la SAU recuerda que la localización original fue definida a partir de estudios técnicos, un proceso participativo y una Evaluación Ambiental Estratégica.
Esto fue contestado por la IDR, expresando: “que no es cierto lo que se afirma sobre las Directrices…sobre previsión en la localización de un futuro aeropuerto…” en nota de respuesta a la SAU. Es de destacar también que la Intendencias expresa su voluntad al ”diálogo constructivo”, acotando que “la intendencia de Rocha permanece abierta a discutir las posibilidades de re-ubicación según así sea requerido por el Ministerio de Defensa, cuya competencia técnica para valorar aspectos asociados a la aeronáutica resultan fundamentales.”
¿Por qué este tema vuelve una y otra vez?
Porque Rocha es, al mismo tiempo, un destino turístico que pretende buen nivel y un departamento con carencias de infraestructura que limitan su desarrollo fuera de la temporada alta. Cada cierto tiempo, aparece la idea de un aeropuerto como solución mágica: más turistas, más inversión, más trabajo. Pero también aparece la pregunta por el costo ambiental y territorial, sobre todo cuando la ubicación elegida toca zonas protegidas o de alto valor ecológico.
En las últimas décadas se anunciaron muchas inversiones en Rocha que nunca se concretaron o que cambiaron de forma. Eso genera desconfianza. Por eso, cuando vuelve el tema del aeropuerto, la discusión no es solo técnica: es también política, social y simbólica.
Qué falta para que esto se defina.
Puede haber varios pasos por delante según se determine: el trámite de re categorización, de los terrenos ahora por la vía más exigente (PAI Complementario) según el Ministerio, pero no en la postura de la Intendencia( ( no ha entrado en la Junta Departamental y supuestamente los votos van a estar para aprobarlo-aquí estaría el oficialismo, el MPP -Mtra.Sandra Lazo es del sector hoy en el MD- y queda la corriente de la ex intententa Flavia Coelho, hoy al frente de PROBIDES, programa institucional administrado por la CND, que tiene al Ministerio de Ambiente, UdelaR e intendencias de la zona Este, pero que políticamente tiene nexo con el sector de Ortuño. Es la interrogante) el estudio de impacto ambiental completo, obligatorio por la clasificación categoría C; instancias de participación pública que exige la normativa; y, en algún punto, una decisión política que pese, los beneficios económicos y de conectividad, frente a los riesgos ambientales y territoriales.
Mientras tanto, el debate sigue abierto. De un lado los impulsores, otros con la idea de que Rocha “tiene que tener un aeropuerto sí o sí”; del lado de los críticos, la advertencia de que no cualquier aeropuerto en cualquier lugar es una buena noticia. Y en el medio, una sociedad que mira cómo se define el futuro de un departamento que sigue esperando un desarrollo. Nada nuevo.

